El Sindrome de la persona exploradora. ¡No puedo parar de aprender!
Algo empezó a llamarle la atención. Había muchas personas así: les pirraba aprender y buscaban trabajos que parecían llevarles, más que a la oficina, a la aventura. «Esto es un patrón», pensó Arancha Ruiz. Eran demasiados. Más que unos raros, parecían una especie. No resultaban conocidos; mucho menos, catalogados. No tenían nombre ni identidad. La consultora de talento agudizó la observación, buscó los parecidos y anotó las palabras que se repetían en la boca de todos. Después consultó el hallazgo con psicólogos y científicos. Ninguno le rebatió una letra cuando ella dijo: «He detectado que hay personas adictas al aprendizaje». Tan solo uno de los expertos apuntó un matiz: —¿Adictos? ¿Crees que adictos es la palabra adecuada? La adicción es una voz que suena a fango y perdición. Mejor sería dar otro nombre a este destacamento de individuos que forman la avanzadilla del mundo. A Ruiz le pareció bien. Lo rumió un rato y lo que al principio llamó «...